EL CONFLICTO NOS ACERCA A UN MEJORCONCIENCIMIENTODE NUESTRA CONDICIÓN HUMANA
Cuando hablamos del mal no podemos evitar referirnos al bien ya que
no existe uno sin el otro. Esto nos lleva a un problema en el que se
juegan cuestiones éticas, morales y de cómo se construye la
subjetividad. Es indudable que se trata de un término en el que vamos a
encontrar una serie de fenómenos personales, sociales e históricos donde
aparecen asesinatos, violaciones de toda índole, guerras, genocidios y
todos aquellos actos que se caracterizan por poner en juego lo
siniestro; es decir, la perversidad propia del ser humano.
Históricamente se ha abordado la cuestión del mal tratando de
fundamentarlo desde una fuerza diabólica sobrenatural o, por lo
contrario, formando parte de nuestra estructura genética.[1]
Sin embargo el mal y el bien todavía siguen teniendo resonancias
teológicas asociados con la fuerza del Demonio y de Dios. Por ello
creemos necesario sostener que su posibilidad es propia de la condición
del ser humano que debe dar cuenta de una subjetividad construida en la
relación con otro en el interior de una cultura.[2]
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